Thursday, November 4, 2010

Salud



¿Hay algo peor en esta vida que la falta de salud (o sea, la enfermedad)? Estos días me ha tocado estar enfermo, nada grave por suerte, solo una fiebre y dolor de garganta normalcito. Sin embargo, esa sensación de abatamiento, de falta de energía, de ganas para hacer nada, es realmente espantosa. Son esos momentos en que dan ganas de poder abandonar el cuerpo propio para dejar de sufrir ese malestar, para cambiar esa situación, para volver a estar bien. Cuando digo falta de salud me refiero tanto a salud física como psíquica (aunque soy un ferviente convencido que ambas están totalmente relacionadas).


Me pregunto entonces cómo debe ser sufrir una enfermedad de largo plazo, constante o algún mal de esos que la ciencia aún no puede curar por las vías tradicionales. Solo pensarlo se me eriza la piel. También me pregunto por aquellas personas en este bendito mundo en el que vivimos que no tienen acceso a la salud, a la prevención, ni siquiera a algo tan básico y simple como es para nosotros entrar a este blog, que es el agua potable. Seguramente se podrá pensar que al no conocer otra cosa, esta situación es algo normal para ellos. Si bien en esta afirmación hay alguna cuota de verdad, es totalmente injusto, inaudito que no puedan conocer otra realidad. Es por eso que el acceso a la salud debe ser un derecho universal básico, al igual que la educación, la vivienda y la alimentación. Digo debe ser porque, si bien esto está expresado en infinidad de tratados internacionales y declaraciones universales, está claro que no es la regla, sino todo lo contrario, es la excepción.


Si bien en nuestra querida argentina nuestro sistema de salud deja mucho que desear, uno puede acercarse a un hospital público y ser atendido por buenos profesionales sin poner un sólo centavo. Llama la atencón entonces ver cosas como las declaraciones de Mith McConnel, jefe del bloque republicano vencedor en la elecciones legislativas de EEUU del pasado miércoles, que afirma que lucharán por revocar la reforma del sistema de salud llevada a cabo por Obama durante estos meses de gestión. El sistema de salud de los EEUU estaba, hasta esta última reforma, totalmente privatizado. Básicamente si no tenías dinero, no te curaban, ni te daban un remedio, ni podías acceder a nada. Y estamos hablando de la potencia ecónomica número 1 del mundo. Recomiendo al respecto, el documental Sicko, del siempre elocuente Michael Moore. La medicina puesta como un negocio (en todas sus variantes) es algo también complicado de entender y difícil no cuestionar. Cuba (tan criticado y criticable en varios aspectos) es un ejemplo en esto: todos sus habitantes tienen acceso al sistema de salud, donde cuentan con excelentes profesionales, buena tecnología y medicamentos a costos irrisorios.  


Lamentablemente es el mundo que nos toca vivir. Igualmente está en cada uno de nosotros poder cambiarlo también. Esperemos poder tener siempre una buena salud para poder hacerlo.

Thursday, October 28, 2010

Reflexiones de estos días


No soy Kirchnerista. Tampoco soy Peronista. No lo voté a él ni a nadie de su partido en ninguna de las instancias eleccionarias en las que se presentó. Y definitivamente, no soy fundamentalista. Creo que los extremos siempre son malos. Por algo el ser humano es el único ser vivo racional. Puede (y debe) pensar, reflexionar, racionalzar y, a través de ello, buscar el bien común. Los fanatismos, sea cuales fueren (un equipo de fútbol, un grupo musical , un líder político, étc.), son algo negativo pues nos enceguecen. Por lo expuesto en este primer párrafo es que me permito dejar una reflexión, una simple opinión de un argentino más, luego del fallecimiento del ex-presidente Néstor Carlos Kirchner.

Este tipo tenía "algo". No sé qué. No sé por qué. Pero algo tenía. ¿En qué me baso para decir esto? Fundmentalmente creo que a todos los que conocieron la noticia les generó alguna cuestión de algún tipo. Tristeza, dolor, "cosita", hasta incluso alegría (algo que me parece aberrante, ninguna razón es válida para desear la muerte de otro ser humano). Lo que quiero decir es que no pasó inadvertida la noticia. Eso ya denota que el tipo tuvo algún tipo de trascendencia en nuestra sociedad.

Por otro lado hay tres cuestiones que me llamaron profundamente la atención:
-La cantidad de intelectuales reconocidos y personajes del ámbito de la mal llamada "cultura" (usaré este término que está mal acuñado, pero se comprende) que estuvieron "alineados" con su gestión y la de Cristina y que los despidieron con congoja. Esto no sucedió en ningún gobierno democrático post ´83 (tal vez un poco en los primeros años de Alfonsín, pero hay que tener en cuenta el contexto histórico tan particular).
-La militancia joven idem. En la era post "que se vayan todos", la web 2.0, las redes sociales, la globalización, la "dictadura" de las marcas y la apolítica, esto me parece un hecho muy valorable, más tratándose del fragmento de la población que marcará el futuro próximo cercano.
-La presencia de prácticamente todos los presidentes latinoamericanos. Esto si me resulta algo totalmente novedoso y llamativo. No recuerdo recientemente que el fallecimiento de un líder político, ex-presidente y actual senador de ningún lugar del mundo haya generado tanto "revuelo" en los líderes de la región (imaginémonos qué hubiese pasado si el fallecido fuera "el innombrable" que gobernó la Argentina de los 90s, quien es también ex-presidente y actual senador).

Su gestión (incluyendo también la actual de Cristina) tuvo muchos aciertos (ley de medios, ANSES+jubilados, pluralidad de voces, discusión parlamentaria, políticas de DDHH) y también muchos desaciertos ("Willy" Moreno, Jaime, declaraciones juradas extrañas, cuentas injustificadas, construcción de antagonismos exagerados) y la historia juzgará dónde quedará parado. Pero evidentemente, repito, no nos fue indiferente y nos generó, a aquellos como yo quienes no somos ni sus seguidores, ni sus contras, cierta tristeza o congoja con la noticia de su fallecimiento. Seguramente debe ser por ese "algo".

Descanse en paz, Sr. Kirchner. Y, donde quiera que esté, por favor vele por el bien de nuestro país.